Vi aquello que tanto deseaba
y me envolvía entera.
 
No era consuelo -
era un abrazo triste 
que, sin darme cuenta,
apretaba hasta doler 
y no soltaba. 
 
En medio de la asfixia
te eché de menos
como se echa de menos el aire 
cuando ya no queda. 

Quise darte mi último suspiro
decirte - aún fuera tarde - 
cuánto te deseaba,
cuánto arrasabas en mí.

Pero no eras tú.

Eran ramas secas,
con sed de cuerpo
que me rodeaban
sin que pudiera resistirme,
como si me hubieran esperado siempre. 

Y aún así,
yo te veía.

Y aún así,
me entregaba.  

Trágame si quieres
con todo lo que soy,  
con todo lo que llevo;
porque si no me hubieras roto así
seguiría soñando contigo.  

Y si no me hubieras aniquilado 
desde el principio,  
me habría hecho llama en tus ojos,
y sin que pudieras oponerte,
te habría reducido a cenizas
para levarte conmigo. 

Te guardaría 
en un hueco dorado del pecho, 
para que escucharas 
los latidos temblorosos 
de mi corazón -
al oír tus palabras. 

Y nada nos separaría. 

Seríamos una solo fruta
sin semilla, ni tiempo
dulce, 
inalterable;

como algo que no desaparece,
ni siquiera 
cuando todo termine. 



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