un manto recio
y tupido tejido,
llegó de imprevisto
tapando muchas chimeneas,
disfrazando árboles
con su helado contenido,
dejándome perpleja.
En cuanto
me atreví hablarle,
aunque seguía aturdida,
su glacial grandeza
se acercó haciéndome
sentir el hielo
y solo entonces
resultó cumplida
su misión del día.
Tú nieve que tanto
lo abarqas,
tu agua cristalina congelada
encanta los cristales
transparentes que brillan
y luego se derriten,
pasando
por la mirada delicada
volviendo a lo mismo.
Tus copos que dominan
el entorno que baila
las gotas en el frío,
adaptan formas
de tipo melódico,
que suelen
flotando al ritmo
y bajen cubriendo
el caserío
envuelto ya de blanco.
Estos versos los escribí,
porque había aprendido
una palabra nueva en
la clase de lengua,
el caserío,
durante el curso del
Profesor Mag. Carles Batlle i Enrich*.
* El Sr. Profesor, por desgracia tuvo que dejar ésta mundo.