oí detrás,
pero cuando dí vuelta,
apenas penumbras
veía,
quizás
oscuro no más.
Y se me parecía
que un caballo quería aterrizar,
¡qué locura!
Pero con el deseo
que nació en mí,
lo persequí
hasta que
conseguí
que el mundo
amanezca
sin avisar.
Imagínense,
qué cosa más linda
y a la vez brutal,
que me pegó
directamente,
que no entendí
un mínimo de que quería
regalar -me
la vida en un momento
como ese,
tan crucial.
Así que
preparé la ida
de un -
universo anterior
tenido muy cercano,
que resultó
ser un pueblo anciano,
echado por la memoria fuera
de todo los catálogos
que hasta ahora
se han escrito,
que yo lo hubiera archivado,
guardado bien,
limitando el acceso
a todos quien
a denigrarlo
se han atrevido.
Tarea en el taller de escritura de Fabián Severo